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¡Soltando la melena!

Es hora de soltar la melena, acompañarnos en el proceso e intentarlo, ¡no perdés nada!





Si me hubieran dicho hace unos años que estaría escribiendo sobre el cabello, probablemente me habría echado una carcajada. Pero, si me hubieran dicho que en algún momento estaría escribiendo sobre aceptar mi “melena” tal y como es, habría volteado los ojos.


No era algo que creía posible.


Si me hubieran dicho hace unos años que estaría escribiendo sobre el cabello, probablemente me habría echado una carcajada.

Cuando estaba en el colegio me dediqué a arruinarlo personalmente con la plancha. Todos los fines de semana me sentaba frente al espejo y planchaba mi pelo durante DOS HORAS seguidas. Separaba todo por secciones y comenzaba la tediosa rutina a la cual me acostumbré con el tiempo. Y claro, durante la semana tenía que hacer retoques, lo cual añadía tal vez una media hora más a mi rutina diaria de las mañanas.


Nunca nadie me dijo que debía plancharme el pelo para tenerlo lacio y sentirme mejor, sin embargo, comentarios -no solicitados- que recibía incidían a que prosiguiera. Obtuve afirmaciones desde “ay que lindo se te ve el pelo así”, hasta “Adri, vos serías tan linda con el pelo lacio”. Ouch. Cada opinión la interioricé inconscientemente como si fuera verdad, lo cual llevó a que tomara la decisión de alaciármelo por años.


Entrando a la universidad tuve suficiente del tiempo que perdía planchándome todo el pelo, por eso lo comencé a hacer sólo con los flequillos del contorno de mi cara. Yo me había resignado y a mi cabello, pues… lo dejé ser. La única solución que pareció tener sentido en mi cabeza fue nombrarlo y por esa razón terminó llamándose por varios años “el arrepentido”. No me disgustaba, pero tampoco me encantaba.


“El arrepentido” y la resignada tuvieron una relación poco interesante donde el primero hacía lo que le diera la gana y la segunda se quejaba de él muy seguido.


Comencé a darme cuenta que la diferencia entre cabellos requiere de distintos productos y cuidados.

Hasta que llegó un día donde me encontré información interesante (Pinterest proporciona eso) sobre los tipos de cabellos que hay. Comencé a darme cuenta que la diferencia entre cabellos requiere de distintos productos y cuidados. Así que por varios días consumí, excesivamente, reseñas, artículos, tutoriales y testimonios. Luego de casi sacar una maestría, en conocimientos básicos sobre melenas, la cual yo misma me auto obsequié, me sentía lista para intentar una nueva ruta desconocida.


La transición de mi cabello requirió de paciencia y tiempo, sin embargo los resultados han sido increíbles. Hoy te quiero decir que es posible lograr aceptar el pelo que tenés tal y como es. Nada de planchas, nada de queratinas, nada de químicos. Okey, okey, es posible que estés pensando: “Adri pero es que vos no sabés como es mi pelo, ¡es terrible! Nada funciona, o sea se abomba, tengo demasiado, es arrepentido, nada funciona. Lo mejor que puedo hacer es seguir planchándome…” Lo siento si soy un poco escéptica con eso, pero es que yo pensaba exactamente lo mismo. Es posible que tanto los productos que usás, como lo que hacés con tu pelo, no ayude a realzar su estado natural.


Por eso, “buckle up my friends!” (sujétense amigas) es hora de soltar la melena, acompañarnos en el proceso e intentarlo, ¡no perdés nada! Te podés llevar hasta una sorpresa.


¡Nos vemos pronto!


Pd: Para la próxima, es posible que necesités adónde apuntar.


Texto por: Adriana Marín


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